Nombre y lengua original
Morfológicamente, el teónimo náhuatl Tlāltēuctli une el sustantivo tlālli («tierra», «suelo» o «superficie terrestre») con el título señorial tēuctli («noble», «señor» o «gobernante»), designando con rigor al «Señor de…

El Monstruo de la Tierra
Estudio de mitología · Español
Revisado el
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Tlaltecuhtli (en la ortografía clásica del náhuatl Tlāltēuctli, literalmente «Señor de la Tierra», tratada con frecuencia como «Señora de la Tierra» por sus atributos de gestación y parto) es la colosal divinidad primordial mesoamericana de la corteza terrestre, personificación del suelo viviente, de las entrañas telúricas y del vientre voraz que devora los cadáveres para regenerar la vida biológica. Según el mito cosmogónico registrado en el manuscrito francés del siglo XVI de la Histoyre du Mechique, antes de la ordenación del universo actual existía un ser anfibio y deforme que nadaba en las aguas primitivas, provisto de colmillos afilados y de bocas devoradoras en todas las articulaciones de codos, rodillas y caderas. Para establecer un mundo estable, los dioses demiurgos Quetzalcóatl y Tezcatlipoca descendieron en forma de gigantescas serpientes, agarraron al monstruo por sus cuatro extremidades y partieron su cuerpo en dos mitades: con la mitad superior levantaron la bóveda celeste y con la inferior consolidaron la tierra firme. Compadecidos de su sufrimiento, los dioses modelaron la vegetación con su cabellera, los ríos y cavernas con sus fauces y las montañas con sus rasgos, pero el monstruo herido siguió gimiendo en las noches oscuras, exigiendo sangre de sacrificios para saciar sus bocas abiertas y conceder el maíz y las cosechas a los seres humanos.
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Los dioses aztecas eran venerados por el pueblo mexica desde su capital, Tenochtitlán, en el centro de México. Creían que el sol solo se movía si se alimentaba con sangre, lo que llevó a los célebres sacrificios en lo alto de los templos-pirámide. Su mundo se interrumpió con la conquista española en el siglo XVI.
El calendario ritual de 18 meses traía fiestas como el Toxcatl, en la que un joven vivía un año como encarnación de Tezcatlipoca. Cada 52 años, la Ceremonia del Fuego Nuevo apagaba todas las llamas del imperio, que se reencendían desde una única hoguera para impedir el fin del mundo.
Morfológicamente, el teónimo náhuatl Tlāltēuctli une el sustantivo tlālli («tierra», «suelo» o «superficie terrestre») con el título señorial tēuctli («noble», «señor» o «gobernante»), designando con rigor al «Señor de…
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Tlāltēuctli El Soberano de la Tierra y de las Entrañas Telúricas de la Creación. Florentine Codex, Livro 6, caps. 7 e 8; INAH (2026). Tlālcihuātl La Señora de la Tierra y Matrona del Vientre Nocturno.
Histoyre du Mechique (Frei Andrés de Olmos e André Thevet), C. 1543 d.C.. Contiene la narración fundamental del desmembramiento del monstruo marino primordial por las dos serpientes Quetzalcóatl y Tezcatlipoca.
La batalla primordial en el océano y el desmembramiento cósmico. Según se conserva en el capítulo VI de la Histoyre du Mechique, en los inicios caóticos del mundo, antes de la creación de la tierra y del cielo, la diosa…
El culto a Tlaltecuhtli se distinguía por la invisibilidad de sus representaciones en los espacios públicos y por la intensidad litúrgica de los ritos subterráneos.
La iconografía monumental de Tlaltecuhtli está dominada por la figuración monstruosa y andrógina en postura de parto agachada (in tlacatiliztli), con las rodillas dobladas y los brazos alzados en ángulos rectos.
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Las bocas dentadas en las articulaciones, la postura agachada del parto, el sapo y el cráneo
El dilema del género: ¿entidad masculina, femenina o andrógina?. El estatus de género de Tlaltecuhtli es uno de los temas más discutidos en la arqueología mesoamericana.
Desde el impresionante hallazgo de su monolito en el centro histórico de la Ciudad de México, Tlaltecuhtli se ha convertido en el emblema mayor del patrimonio arqueológico mesoamericano en el siglo XXI.
El monolito de Tlaltecuhtli descubierto en 2006 pesa más de 12 toneladas y mide unos 4,19 por 3,62 metros, constituyendo la mayor pieza escultórica mexica intacta recuperada por la arqueología científica moderna.
Fauces Devoradoras Las innumerables bocas repartidas por su cuerpo, con las que devora a los muertos y a los astros que se hunden en el horizonte.
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