Nombre y lengua original
El teónimo náhuatl Xīpe Totēc está compuesto por la raíz nominal y participial xīpe («el desollado», derivada del verbo transitivo xīpehua, que expresa el acto de quitar la piel, pelar frutos o desgranar mazorcas) unida…

Nuestro Señor el Desollado
Estudio de mitología · Español
Revisado el
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Xipe Totec (en náhuatl clásico: Xīpe Totēc, «Nuestro Señor el Desollado») es la venerable divinidad mesoamericana de la renovación primaveral, de la germinación del maíz maduro, de la regeneración física de la piel, de la metalurgia del oro y del sacrificio guerrero en el panteón mexica (azteca) y en diversas culturas del México central y meridional. En la cosmogonía cosmopolita de la creación primordial registrada en la Historia de los Mexicanos por sus Pinturas, aparece como la primera manifestación de los cuatro hijos cósmicos de Ometeotl, personificado bajo el título teológico de Tlatlauhqui Tezcatlipoca («Tezcatlipoca Rojo») y regente supremo del cuadrante oriental (Tlapcopa), de donde brotan la salida del Sol, la aurora y los vientos que fecundan la aurora. La teología indígena concebía el acto visualmente estremecedor del desollamiento como la manifestación sagrada de la naturaleza: así como el grano dormido del maíz debe romper y perder su cáscara exterior reseca para permitir la emergencia del brote verde, Xipe Totec se despojaba de su propia cobertura corporal para cubrir el suelo con el manto dorado de las cosechas prósperas. Su culto alcanzaba su apogeo en el segundo mes del calendario ritual solar (xiuhpohualli), durante la fiesta de Tlacaxipehualiztli («El Desollamiento de los Hombres»), celebrada con ocasión del equinoccio de primavera. En esta solemnidad de Estado, guerreros cautivos de alto valor enfrentaban a campeones mexicas sobre la colosal piedra sacrificial circular (temalacatl) en combates armados simulados (tlahuahuanaliztli); tras el sacrificio cardíaco de los prisioneros, sus cuerpos eran desollados ceremoniosamente para que sacerdotes iniciados vistieran las pieles amarillentas durante veinte días, recorriendo barrios y sembrados para derramar bendiciones sobre la población y los cultivos. Además de su papel en la agricultura, Xipe Totec era el protector celeste perpetuo del gremio de maestros orfebres (teocuitlapixque) de los barrios de Yopico y Azcapotzalco, cuya pericia técnica en la fundición del oro a la cera perdida reflejaba el propio proceso divino de desprendimiento de la costra externa y revelación del núcleo resplandeciente.
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Los dioses aztecas eran venerados por el pueblo mexica desde su capital, Tenochtitlán, en el centro de México. Creían que el sol solo se movía si se alimentaba con sangre, lo que llevó a los célebres sacrificios en lo alto de los templos-pirámide. Su mundo se interrumpió con la conquista española en el siglo XVI.
El calendario ritual de 18 meses traía fiestas como el Toxcatl, en la que un joven vivía un año como encarnación de Tezcatlipoca. Cada 52 años, la Ceremonia del Fuego Nuevo apagaba todas las llamas del imperio, que se reencendían desde una única hoguera para impedir el fin del mundo.
El teónimo náhuatl Xīpe Totēc está compuesto por la raíz nominal y participial xīpe («el desollado», derivada del verbo transitivo xīpehua, que expresa el acto de quitar la piel, pelar frutos o desgranar mazorcas) unida…
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Nuestro Señor el Desollado (Xīpe Totēc) Nombre primordial que consagra su ofrenda física en favor de la regeneración vegetal. Bernardino de Sahagún, Códice Florentino (Libro I, Cap. 18).
Códice Florentino (Compilación etnográfica de fray Bernardino de Sahagún), c. 1577 d.C.. Documenta las plegarias de los sacerdotes, los trajes de piel humana y el sacrificio en la piedra temalacatl.
El desprendimiento de la piel divina y el misterio de la germinación del maíz. En las antiguas meditaciones teológicas nahuas conservadas en los cantos rituales del Códice Florentino, el acto del desollamiento de Xipe T…
El culto a Xipe Totec constituía uno de los pilares de la religión estatal y de la liturgia agrícola en el valle de México.
La representación iconográfica de Xipe Totec es inconfundible en el arte mesoamericano prehispánico. El rasgo primordial que lo caracteriza es la segunda piel humana que viste sobre su cuerpo anatómico: la piel superpue…
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Piel humana superpuesta, bastón chicahuaztli, maíz y oro
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Historia de los Mexicanos por sus Pinturas (Codex Ramírez); Bernardino de Sahagún, Códice Florentino (Livros I e II); Códice Borgia (pranchas 25, 49 e 61); Códice Borbónico (p. 14); Diego Durán, Historia de las Indias de Nueva España
El origen no náhuatl y la difusión territorial desde el sur. Historiadores de la religión y arqueólogos mesoamericanistas —como Eduard Seler, Alfonso Caso y Guilhem Olivier— debaten la procedencia geográfica del culto a…
Xipe Totec ocupa una posición de excepcional relevancia en los estudios modernos de la historia del arte precolombino y en la antropología de las religiones amerindias.
La vara ceremonial chicahuaztli empuñada por Xipe Totec producía un sonido rítmico de sonajas que imitaba el ruido de cascadas y lluvias torrenciales; se golpeaba contra el suelo durante las danzas para despertar las en…
Chicahuaztli El bastón ceremonial de sonaja de Xipe Totec, cuyo sonido imitaba la lluvia y se golpeaba contra el suelo en las danzas para despertar las semillas de maíz.
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